Las luces se van, le dejan, el espectáculo ha acabado.
Las risas y los aplausos, le van abandonando en el acto.
Con el gorro ya guardado, y los guantes ennegrecidos, este
pobre payaso se dirige al peor de sus destinos.
Marino, azul marino, el contorno de sus ojos muestra llanto,
un suspiro.
Carmesí, rojo carmesí, aquellos labios ya desgastados, por
todos esos besos olvidados.
Una punzada en el pecho que parte el alma, darse cuenta, que
un buen hombre hace falta.
Con el músculo atado a su torso, el pobre payaso llora, llora
de tristeza, por esa compañía vacía en su habitación, aquél espacio que nunca
se usó, al cual nunca le cantó una canción.
Ya es de día, y las penas se han secado, la gente comienza a
llegar, alegre.
El espectáculo debe continuar, con máscara o sin, el triste
payaso llora, llora, sólo llora. El amor añora.
