Relajado, navegaba una vez más por mi página de confianza
para conocer chicos, esta vez para divertirme en buena, no sólo tener una
relación pasajera de una noche. Había cambiado mi comportamiento hace meses, y
el sexo ya no me llenaba como antes. Se había convertido en, como decía uno de
los personajes de la película CARS, una copa vacía sin sentido alguno. Quería
conversar, tirar la talla, no solamente meter un trozo de carne por otros
trozos de carne.
Como siempre, un mensaje desconocido, de alguien sin
precedentes. Primera acción del momento, leer el contenido de la misiva. Sus palabras
denotaban un tono atrevido, caliente, lleno de ganas de tener algo hot en el
momento. Con mi personalidad renovada en un ser calmado y maduro, objeté
aquellas palabras con mías en un tono sutil, caballeroso, indicando que no era
de mi agrado conocer a una persona, y en cinco minutos estar tirando como
conejos. El otro joven, respetuosamente respondió, indicando que no había
problemas, que era decisión mía, fuera ahora o luego. Interesantemente accedí a
darle mi correo y continuar allí la conversación.
Una vez estuve dentro de aquél famoso programa de mensajería
instantánea esperé que el individuo apareciera. Sin espera alguna, el
misterioso personaje sacado de ManHunt se conecta y me habla, saludándome con
un gentil “Hola”. Como costumbre, y por caballerosidad, digna de mí, me pongo a
cuestionar su vida, preguntándole por todo lo básico que en ese momento se me
ocurría hablar. El dato más llamativo que me había quedado gustando es que
estaba a sólo una cuadra de donde vivo. Una buena razón para conocerlo, pero en
el momento dado, me encontraba en clases. Debía esperar un poco para poder
vernos en persona. No me sentí del todo mal, sabiendo que a tan poca distancia
había alguien dispuesto a salir o hacer otras cosas, me armé de paciencia. Ya llegaría
el día en que pudiéramos vernos.
El mes había pasado, yo había salido de clases, y seguía sin
toparme con el individuo en cuestión, él trabajaba y sólo se conectaba a veces
para armar lo que era en sus palabras: “carrete”. Cuando hablábamos nunca me
había hecho el valor de invitarlo a salir, quizás porque simplemente no tenía
el suficiente coraje como para hacerlo, o en realidad sentía que sería
ignorado. Con un perfil de calle como el que aquél muchacho poseía, era
imposible competir, según me contaba.
Algunas semanas después, llegando a mi trabajo me encuentro
con la amarga sorpresa que el recinto no tenía luz. De alguna forma había
traído la batería de mi notebook, con el cuál me conectaba cada media hora para
saber del mundo de afuera y no morir de aburrimiento. Había sido toda una odisea
mantener el pc al margen de uso. En ocasiones sacaba mi DS, pero sólo duraba
algunos momentos, el no realizar mi trabajo normal de cierto modo me había dejado
tonto. Cuando el último trozo de energía desapareció de mi notebook supe que
muy pronto, o me empezaría a morir o me dormiría, sucedió lo segundo. Y lo peor
había tenido el descaro de entregarme a Morfeo en la oficina principal de mi
área, mientras en la bodega a quién debía reemplazar yacía con los ojos
cerrados, prueba de que ya estaba en aquél mundo fantástico.
Dormía a ratos, tampoco podía dejar de vigilar el mesón
central. Después de todo, me encontraba aún en mis labores. Me enteré que en el
mesón de al lado, misteriosamente tenían energía así que dejé cargando mi celular,
ya casi no le quedaba pila, igual que a mí. A eso de las 18 despaché a mi otro
colega, debía quedarme hasta que me llegara la noticia oficial por parte de mi
jefe, el cuál tenía el teléfono apagado. Una verdadera mierda. Sólo y aburrido
fui a buscar mi dispositivo y cuál barsa me conecto a msn a través de él. La
situación lo ameritaba. Mi vecino se
encontraba conectado. Le expliqué la situación, y él de libre. Un calor se
apoderó de mi cuerpo. No podía tener tanta mala cuea en un solo día. Para más
remate, el idiota que estaba a mi lado comenzaba a decirme que me retirara por “molestoso”.
Si no fuera caballero le habría sacado hasta a la madre.
Con una carga moderada me retiré al mesón, regresando a mi
estado semi-vegetal, esperando mi hora de salida. Cuando estaba por perder las
esperanzas recibo el llamado de mi jefe de Santiago, un verdadero alivio, pude
retirarme del trabajo no sin antes convencer a este interesante hombre que
pasara por mí. Sin reparos accedió, bajaría a buscarme en su auto en 10
minutos. Con la furia aún recorriendo los torrentes sanguíneos de mi cuerpo, eché
las cosas en mi mochila de trabajo y bajé, raudo y veloz. Ignorando el hambre
que en ese momento acarreaba. Tras bajar las escaleras quedé pensativo un
momento, reposando sobre uno de los autos estacionados. Había visto algunas
fotos, me llamaba la atención, quería conocerlo, quería hablar con él, bromear,
mirarle a los ojos.
Pasados unos leves minutos, tal como había dicho, un Alfa
Romeo del año ’90 se aproximaba, lentamente. Mi corazón palpitaba fuertemente. Siempre
era lo mismo con cada extraño. Se dio vuelta para salir de la calle sin salida,
una sonrisa recorría mi cara. Le saludé y en forma de broma le pregunté si me
llevaba a mi casa. Sonrió. Me abrió la puerta y me subí al carro. Como
formalización, le estreché la mano. Rudo y peludo, me gustaba, pelo corto, ojos
verdes, barbita afeitada y cara de pendejo. Una unión bastante seductora. Le comenté
sobre el hambre que seguía en efecto, rió y me llevó al líder. En el camino
había podido comprobar que era un amante de la música rock, house, electro y un
poco de hip-hop. Sudaba por dentro. Su piel, fresca y suave, gritaba mi nombre.
Al llegar al recinto bajé solo, dejando mis útiles, en señal
de confianza, aunque parte de mí temiera que saliera de la escena. Parte idiota
que seguía atada a los hombres anteriores. Relaciones que de una u otra forma
habían acabado mal. Tras comprar mi comida, un pobre completo con una bebida,
salí a encontrarme con Julio, que para mi sorpresa se encontraba limpiando la
carrocería. Me dejaba claro que era un CAR-LOVER. Para mí ya estaba reluciente,
pero él al parecer, era indiscutiblemente un maestro a la hora de detectar
polvo, rayas y lo que enmugreciera la pintura del móvil. Sonreía, podía ser
gay, pero era todo un hombre, al igual que yo. Y eso me excitaba de
sobremanera.
Me subí al carro, cuidé de no ensuciar con ningún
movimiento, ni con la comida el suave cuero que cubría la guantera del hermoso
vehículo. Seguimos andando, conversando, conociéndonos, y escuchando Blink-182.
Llegamos a la playa, paramos en la Poza de los Caballos, detuvimos el motor y
nos quedamos admirando el atardecer. Hermoso acontecimiento, no era por el solo
hecho de estar afuera, o de comer un completo, o de estar relajado viendo a un
hombre que seguro era bueno para el hueveo. Y eso seguía incrementando las
ganas de agarrarlo y besarlo allí mismo. Al terminar mi comida, nos pudimos
compenetrar un poco más, soltando detalles de nuestras vidas, nuestras
familias, nuestra sexualidad. Todo lo hacía mientras jugueteaba con su polera,
dejando ver por instantes parte de ese pecho. Hacía mis esfuerzos, intentaba
verle a la cara, poner atención en lo que decía, pero cada movimiento corpóreo
que realizaba con sus brazos me invitaba a comérmelo. Pero logré resistir la
tentación, fui un caballero, además, aún estaba pololeando.
Tras escuchar como sus viajes le habían llevado a varias
partes del país, incluidos algunos carretes, contestó su teléfono, luego otra,
y otra, o era muy amigo o era muy popular. No podía juzgarlo ni tampoco quería
preguntarle, sentía que simplemente no era el momento adecuado ni el lugar. Sólo
sonreía y asentía como un tonto. Tras el tercer llamado, Julio partió el motor
y me preguntó si era hora de llegar a casa. Juguetón y sonriente, le contesté
que no. Quería seguir paseando, o mejor dicho, quería seguir admirándole.
Nos fuimos por toda la costa, recorriendo todo lo que era la
calle Arturo Prat, pasando Playa Brava, pasando los pubs, pasando monumentos y
la Pharos. No quería que acabara. El viento, me sentía libre, ligero, la música
me hacía volar, la compañía de ese hombre, me hacía vibrar. Era una mezcla
perfecta, una buena forma de acabar el día, podría haber sido más regio, pero
eso hubiera pasado los límites y llevar al acto sexual. Mi lado animal me lo
imploraba, mi lado humano razonaba, rozar esos labios, tocar lo que había
dejado de esa polera amarilla, tantear un poco de carne fresca. La sangre
recorría velozmente por mi cuerpo, llegando a todas partes, incluso a mi
miembro, sufriendo una leve erección. Lo deseaba.
Al acercarme a mi condominio, le agradecí, le toqué la mano
y lo miré, “deberíamos juntarnos otro día” le dije, con una satisfaciente
sonrisa. Abrí la puerta del espectacular auto y me eché la mochila hombro,
dejando la basura ahí. Él se encargaría me comentó. Lo admiré. Había pasado a
un éxtasis sentimental especial. Sin llegar al orgasmo, ese simple paseo en
auto había despertado en mí sentidos que no se hacían presentes hace mucho
tiempo. Quería dejar de ser caballero, quería ser un animal, rasgarle la ropa,
palpar esa cabeza y llevarla hacía la mía, dejarlo sin aliento. No pude evitar
soñar esa noche como hubiera sido una relación sexual con tremendo hombre. Al otro
día trabajaba, pero iría feliz. Muy feliz.
Acabo de cocnocer un lado de Milo que no conocia...A cambiado mi perspectiva de el
ResponderEliminarwenaa... sin palabras
ResponderEliminarPandha.