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domingo, 18 de marzo de 2012

El Vecino Pt. I


Relajado, navegaba una vez más por mi página de confianza para conocer chicos, esta vez para divertirme en buena, no sólo tener una relación pasajera de una noche. Había cambiado mi comportamiento hace meses, y el sexo ya no me llenaba como antes. Se había convertido en, como decía uno de los personajes de la película CARS, una copa vacía sin sentido alguno. Quería conversar, tirar la talla, no solamente meter un trozo de carne por otros trozos de carne.

Como siempre, un mensaje desconocido, de alguien sin precedentes. Primera acción del momento, leer el contenido de la misiva. Sus palabras denotaban un tono atrevido, caliente, lleno de ganas de tener algo hot en el momento. Con mi personalidad renovada en un ser calmado y maduro, objeté aquellas palabras con mías en un tono sutil, caballeroso, indicando que no era de mi agrado conocer a una persona, y en cinco minutos estar tirando como conejos. El otro joven, respetuosamente respondió, indicando que no había problemas, que era decisión mía, fuera ahora o luego. Interesantemente accedí a darle mi correo y continuar allí la conversación.

Una vez estuve dentro de aquél famoso programa de mensajería instantánea esperé que el individuo apareciera. Sin espera alguna, el misterioso personaje sacado de ManHunt se conecta y me habla, saludándome con un gentil “Hola”. Como costumbre, y por caballerosidad, digna de mí, me pongo a cuestionar su vida, preguntándole por todo lo básico que en ese momento se me ocurría hablar. El dato más llamativo que me había quedado gustando es que estaba a sólo una cuadra de donde vivo. Una buena razón para conocerlo, pero en el momento dado, me encontraba en clases. Debía esperar un poco para poder vernos en persona. No me sentí del todo mal, sabiendo que a tan poca distancia había alguien dispuesto a salir o hacer otras cosas, me armé de paciencia. Ya llegaría el día en que pudiéramos vernos.

El mes había pasado, yo había salido de clases, y seguía sin toparme con el individuo en cuestión, él trabajaba y sólo se conectaba a veces para armar lo que era en sus palabras: “carrete”. Cuando hablábamos nunca me había hecho el valor de invitarlo a salir, quizás porque simplemente no tenía el suficiente coraje como para hacerlo, o en realidad sentía que sería ignorado. Con un perfil de calle como el que aquél muchacho poseía, era imposible competir, según me contaba.

Algunas semanas después, llegando a mi trabajo me encuentro con la amarga sorpresa que el recinto no tenía luz. De alguna forma había traído la batería de mi notebook, con el cuál me conectaba cada media hora para saber del mundo de afuera y no morir de aburrimiento. Había sido toda una odisea mantener el pc al margen de uso. En ocasiones sacaba mi DS, pero sólo duraba algunos momentos, el no realizar mi trabajo normal de cierto modo me había dejado tonto. Cuando el último trozo de energía desapareció de mi notebook supe que muy pronto, o me empezaría a morir o me dormiría, sucedió lo segundo. Y lo peor había tenido el descaro de entregarme a Morfeo en la oficina principal de mi área, mientras en la bodega a quién debía reemplazar yacía con los ojos cerrados, prueba de que ya estaba en aquél mundo fantástico.

Dormía a ratos, tampoco podía dejar de vigilar el mesón central. Después de todo, me encontraba aún en mis labores. Me enteré que en el mesón de al lado, misteriosamente tenían energía así que dejé cargando mi celular, ya casi no le quedaba pila, igual que a mí. A eso de las 18 despaché a mi otro colega, debía quedarme hasta que me llegara la noticia oficial por parte de mi jefe, el cuál tenía el teléfono apagado. Una verdadera mierda. Sólo y aburrido fui a buscar mi dispositivo y cuál barsa me conecto a msn a través de él. La situación lo ameritaba.  Mi vecino se encontraba conectado. Le expliqué la situación, y él de libre. Un calor se apoderó de mi cuerpo. No podía tener tanta mala cuea en un solo día. Para más remate, el idiota que estaba a mi lado comenzaba a decirme que me retirara por “molestoso”. Si no fuera caballero le habría sacado hasta a la madre.

Con una carga moderada me retiré al mesón, regresando a mi estado semi-vegetal, esperando mi hora de salida. Cuando estaba por perder las esperanzas recibo el llamado de mi jefe de Santiago, un verdadero alivio, pude retirarme del trabajo no sin antes convencer a este interesante hombre que pasara por mí. Sin reparos accedió, bajaría a buscarme en su auto en 10 minutos. Con la furia aún recorriendo los torrentes sanguíneos de mi cuerpo, eché las cosas en mi mochila de trabajo y bajé, raudo y veloz. Ignorando el hambre que en ese momento acarreaba. Tras bajar las escaleras quedé pensativo un momento, reposando sobre uno de los autos estacionados. Había visto algunas fotos, me llamaba la atención, quería conocerlo, quería hablar con él, bromear, mirarle a los ojos.

Pasados unos leves minutos, tal como había dicho, un Alfa Romeo del año ’90 se aproximaba, lentamente. Mi corazón palpitaba fuertemente. Siempre era lo mismo con cada extraño. Se dio vuelta para salir de la calle sin salida, una sonrisa recorría mi cara. Le saludé y en forma de broma le pregunté si me llevaba a mi casa. Sonrió. Me abrió la puerta y me subí al carro. Como formalización, le estreché la mano. Rudo y peludo, me gustaba, pelo corto, ojos verdes, barbita afeitada y cara de pendejo. Una unión bastante seductora. Le comenté sobre el hambre que seguía en efecto, rió y me llevó al líder. En el camino había podido comprobar que era un amante de la música rock, house, electro y un poco de hip-hop. Sudaba por dentro. Su piel, fresca y suave, gritaba mi nombre.

Al llegar al recinto bajé solo, dejando mis útiles, en señal de confianza, aunque parte de mí temiera que saliera de la escena. Parte idiota que seguía atada a los hombres anteriores. Relaciones que de una u otra forma habían acabado mal. Tras comprar mi comida, un pobre completo con una bebida, salí a encontrarme con Julio, que para mi sorpresa se encontraba limpiando la carrocería. Me dejaba claro que era un CAR-LOVER. Para mí ya estaba reluciente, pero él al parecer, era indiscutiblemente un maestro a la hora de detectar polvo, rayas y lo que enmugreciera la pintura del móvil. Sonreía, podía ser gay, pero era todo un hombre, al igual que yo. Y eso me excitaba de sobremanera.

Me subí al carro, cuidé de no ensuciar con ningún movimiento, ni con la comida el suave cuero que cubría la guantera del hermoso vehículo. Seguimos andando, conversando, conociéndonos, y escuchando Blink-182. Llegamos a la playa, paramos en la Poza de los Caballos, detuvimos el motor y nos quedamos admirando el atardecer. Hermoso acontecimiento, no era por el solo hecho de estar afuera, o de comer un completo, o de estar relajado viendo a un hombre que seguro era bueno para el hueveo. Y eso seguía incrementando las ganas de agarrarlo y besarlo allí mismo. Al terminar mi comida, nos pudimos compenetrar un poco más, soltando detalles de nuestras vidas, nuestras familias, nuestra sexualidad. Todo lo hacía mientras jugueteaba con su polera, dejando ver por instantes parte de ese pecho. Hacía mis esfuerzos, intentaba verle a la cara, poner atención en lo que decía, pero cada movimiento corpóreo que realizaba con sus brazos me invitaba a comérmelo. Pero logré resistir la tentación, fui un caballero, además, aún estaba pololeando.

Tras escuchar como sus viajes le habían llevado a varias partes del país, incluidos algunos carretes, contestó su teléfono, luego otra, y otra, o era muy amigo o era muy popular. No podía juzgarlo ni tampoco quería preguntarle, sentía que simplemente no era el momento adecuado ni el lugar. Sólo sonreía y asentía como un tonto. Tras el tercer llamado, Julio partió el motor y me preguntó si era hora de llegar a casa. Juguetón y sonriente, le contesté que no. Quería seguir paseando, o mejor dicho, quería seguir admirándole.

Nos fuimos por toda la costa, recorriendo todo lo que era la calle Arturo Prat, pasando Playa Brava, pasando los pubs, pasando monumentos y la Pharos. No quería que acabara. El viento, me sentía libre, ligero, la música me hacía volar, la compañía de ese hombre, me hacía vibrar. Era una mezcla perfecta, una buena forma de acabar el día, podría haber sido más regio, pero eso hubiera pasado los límites y llevar al acto sexual. Mi lado animal me lo imploraba, mi lado humano razonaba, rozar esos labios, tocar lo que había dejado de esa polera amarilla, tantear un poco de carne fresca. La sangre recorría velozmente por mi cuerpo, llegando a todas partes, incluso a mi miembro, sufriendo una leve erección. Lo deseaba.

Al acercarme a mi condominio, le agradecí, le toqué la mano y lo miré, “deberíamos juntarnos otro día” le dije, con una satisfaciente sonrisa. Abrí la puerta del espectacular auto y me eché la mochila hombro, dejando la basura ahí. Él se encargaría me comentó. Lo admiré. Había pasado a un éxtasis sentimental especial. Sin llegar al orgasmo, ese simple paseo en auto había despertado en mí sentidos que no se hacían presentes hace mucho tiempo. Quería dejar de ser caballero, quería ser un animal, rasgarle la ropa, palpar esa cabeza y llevarla hacía la mía, dejarlo sin aliento. No pude evitar soñar esa noche como hubiera sido una relación sexual con tremendo hombre. Al otro día trabajaba, pero iría feliz. Muy feliz.



2 comentarios:

  1. Acabo de cocnocer un lado de Milo que no conocia...A cambiado mi perspectiva de el

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  2. wenaa... sin palabras
    Pandha.

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