Parece que me voy a Santiago, a vivir por algún tiempo.
Casi ni te conectas, te quería dar la noticia en verde pero prefiero que la
sepas a que te enteres luego.
He estado muy confundido estos últimos días sobre mi situación, tanto personal
como estudiantil como laboral y tras muchas horas de falta de sueño, creo que
al fin he llegado a una radical conclusión: necesito madurar, crecer y tener
otros puntos de vista fuera de mi entorno familiar y para ello creo que es
necesario desligarme tanto de mi núcleo familiar como de la ciudad en sí.
No ha sido fácil, abandonar tantas cosas, y tantas personas, es un peso que
cargaré por algunos cuantos días a mi arribo en la gran capital.
El motivo principal de esta misiva es más que nada para
hacerte saber cuan feliz me hiciste durante todo este tiempo. Como pasaste a
ser un hueón más del montón, de la larga lista de contactos que tengo en Messenger,
a ser lo más parecido a un pololo que pude haber tenido en todo este tiempo.
Llegué quererte tanto, de tal forma que me llegué enamorar
de lo que teníamos, de esa particular amistad entre tú y yo, de esos momentos
en que pasábamos abrazados y nos besábamos por varios minutos, mientras te
miraba a los ojos y me perdía en ellos cada vez que los volvía a ver.
Compañero incondicional, estuviste ahí en uno de mis peores
momentos, aun si estuviste ausente durante el resto, eso fue algo que nunca
jamás nadie podrá cambiar, y es el hecho de que te preocupaste tanto por mí que
hasta temiste por que me hubiera suicidado contigo conectado.
La verdad es que las primeras tres veces no habían sido sino
placer por placer, pero tras el giro inesperado de eventos que nos llevó a
juntarnos en un modo más relajado, ameno y cariñoso fue cuando todo mi corazón
se volcó, haciendo sentir esas mariposas en el estómago una vez concluida mi
peor etapa, -cuando almorzamos juntos-.
No podré dejar atrás esas palabras que nos dedicamos, todos aquellos
insultos sutilmente cargados de comprensión y cariño dedicado. Y fue por las
mismas razones que te llevaron a ti a ser testigo de un lado depresivo mío, a
ver un lado gentil, débil y enérgico en ti, lado post-operación tras visitarte
y comprobar que seguías vivo y que aún podías ser mi “amigo”.
Al recuperarte e irte a tu domicilio, pensé enfático en la
posibilidad de poder visitar tu morada, y de atestiguar en persona lo bien que
sobrellevabas el incidente ambulatorio. Podía sentirlo todavía, al penetrar
esos ojos, al caer en tu cama tras tirar de mi polera, cuando me abrazaste y
besé tu frente por primera vez.
Debería haberlo dicho en ese momento, pero
nunca supe si me querías o no, excepto la última vez que intercambiamos
palabras por Messenger.
“Si igual me querí” “Si wn, es vdd”.
Me gustaría haber
preguntado directamente a tu cara la misma consulta realizada, pero el destino,
cruel como el niño quemando hormigas con una lupa, exterminó la posibilidad de
llevarlo a cabo y sólo me consuela el hecho de que verás esta nota y sabrás que
te la dediqué cien por ciento a ti, J.R.H. Te quiero, y te querré, tus abrazos,
tus caricias, tus palabras.
Gracias por todo
No hay comentarios:
Publicar un comentario