SUPERHÉROES I: EL MISTERIO DE SOL NEGRO
CERO.SOMBRAS
Corría por los
pasajes más oscuros que podía, atormentado por los mismos ruidos que los
desperfectos eléctricos lograban producir. Veía sombras moverse detrás de él,
delante de él, alrededor, por todos lados. En el próximo cruce viró a la
derecha con la esperanza de zafarse de las personas que lo seguían. Voces le
susurraban al oído: “ven”, “no escaparás”, “es inútil resistirse”. Era todo lo
que podía oír. Llegó a una pequeña plaza desierta. A su alrededor habían
columpios y resbalines. Su corazón agotado clamaba por un respiro. Sabía que si
se detenía sería su fin. No volvería a ver a su familia, ni a sus hijos, ni sus
vecinos ni su mascota. Muy dentro quería rendirse y que acabara todo aquello.
Pero no lo haría sin antes pelear. Algo pasó. Se empezaron a escuchar pasos.
Gente vestida con ternos negros se acercaban sigilosamente. El sujeto
acorralado miraba a todos lados. Tenía tres extraños al frente, dos atrás y 1 a
cada lado. Las gotas de sudor recorrían su frente. Bajaban por sus mejillas y
terminaban en el suelo. Ya no podía más.
–Ya no corras más.
–dijo uno de los agentes. Tenía la tez blanca y el pelo corto color café claro.
Llevaba gafas oscuras que adornaban espléndidamente el contorno de sus ojos. Su
voz hacía notar la jefatura que poseía sobre los demás. Ninguno de los otros se
movía.
–Y ahora… te haré
la siguiente pregunta sólo una vez. ¿Te unirás a nuestra causa? –el agente
miraba fijamente al extraño atrapado. Infundía terror. Lo obligaba a aceptar el
contrato.
–¿Tú crees que
simplemente dejaré que me atrapen? –desafiaba con ímpetu. Al momento de decir
esas palabras alzaba las manos y se ponía en posición de lucha. –Piensa de
nuevo.
El tipo
rápidamente desapareció en una cortina de humo y apareció detrás de los
guardias sur propinándoles una patada doble que los noqueó. Los de ambos lados
intentaron acercársele muy rápidamente pero el sujeto nuevamente hacía gala de
su habilidad especial. Desapareciendo y apareciendo detrás de ambos malvados dejándolos
dormidos. Su maestría en el manejo de ese poder que poseía era evidente. No era
una mera casualidad que hubiera descubierto recién la peculiaridad demostrada.
Ya tenía bastante tiempo usándolo al parecer.
–Vaya.
Impresionante en verdad. No pensé que fueras tan hábil en el uso de la
teletransportación. –hacía sonar sus nudillos. Sus pupilas traspasaban el
reflejo de los anteojos y mostraban la furia que llevaba en el interior–. ¡Faxia!
¡Xeron! ¡Adelante!
Al momento de
marcar aquellas palabras los sujetos custodiando la espalda del jefe saltaron
en el aire. Faxia, una chica de pelo fucsia tomó aire y sopló de manera que el
viento llegó a golpear al teletransportador, causándole algunos cortes de menor
importancia. Xeron, el otro guardia de pelo corto rojo caía golpeando el suelo
con su puño. Provocando un movimiento de tierra que desequilibró a su oponente.
De nuevo, este, se teletransportaba detrás de la mujer para agarrarla y
lanzarla lejos. Golpeándose esta con la pared, perdiendo la conciencia. Y una
vez más hacía demostración de su rareza apareciendo en la cara de Xeron,
propinándole un certero golpe en la cara. Haciéndole sangrar y pegar su rostro
con el suelo quedando inmóvil.
–En verdad eres
talentoso Ripley. –dijo el hombre. Aún sonriendo por lo que sus órbitas veían.
–¿Ah? ¿Cómo sabes
mi nombre? –el asustado sujeto miraba fijamente al único agente que restaba.
–Sé mucho más que eso. Sé dónde trabajas.
Donde vives. Tu familia. Todo. –el revelador informe preocupaba a Ripley.
–Bueno… ¿Y qué
quieres de mí? –al fin la pregunta del millón.
–Je. No
malinterpretes la situación. No es lo que YO quiero. Sino lo que mi jefe
quiere. –el tono de la voz de la misteriosa persona hacía dudar aún más al
habilidoso humano–. Él… Tiene un sueño… Y sólo se podrá realizar una vez que tú
y todos los demás con esos poderes se unan a Sol Negro.
–¿Sol… Negro? ¿Qué
es eso? ¿Una loca corporación maligna? –ahora sí que estaba confundido. No
sabía ni quiénes eran los que lo perseguían.
–No maldigas el
nombre de mi querida compañía. Pagarás por tal aberración. –lentamente acercó
su mano izquierda hacía su cara. Lentamente tomó sus lentes y se los quitó de
encima. Mantenía sus ojos cerrados, y la calma alrededor de su persona–. Es por
esto mismo que no debes nunca insultar a alguien que te puede patear el trasero
sin siquiera mover un músculo.
Muy despacio abrió
de par en par ambos párpados. Sus ojos de un color rojo intenso se posaban en
el contorno del cuerpo de Ripley. Como un depredador acechando su presa. El
hombre muy tranquilo avanzaba hacia su objetivo. Una sola misión. Llevarlo al
lugar de su trabajo.
–¡Maldito! –hecho
una furia, velozmente el acechado se teletransportó hasta estar detrás del
mandamás.
–Es inútil.
Dicho esto movió
su mano hacia atrás y como si nada Ripley salió disparado. Chocando con una
pared. Cayendo arrodillado. El adolorido hombre volteaba el rostro para
contemplar como el último de los agentes levantaba nuevamente su mano. Salió
disparado nuevamente pero en vez de volver a chocar con la pared fue atraído
hacia el extraño sujeto. Este lo agarró del cuello y sonreía de una forma
maquiavélica. El aire se puso denso de repente. Casi no se podía respirar. Al
mirar fijamente el rojo del iris de su enemigo, Ripley comenzó a perderse en él.
Llamas desbordaban del contorno del glóbulo ocular, quemaban intensamente la
psiquis del atrapado.
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