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sábado, 28 de mayo de 2016

SH I : (0) SOMBRAS

SUPERHÉROES I: EL MISTERIO DE SOL NEGRO

CERO.SOMBRAS

     Corría por los pasajes más oscuros que podía, atormentado por los mismos ruidos que los desperfectos eléctricos lograban producir. Veía sombras moverse detrás de él, delante de él, alrededor, por todos lados. En el próximo cruce viró a la derecha con la esperanza de zafarse de las personas que lo seguían. Voces le susurraban al oído: “ven”, “no escaparás”, “es inútil resistirse”. Era todo lo que podía oír. Llegó a una pequeña plaza desierta. A su alrededor habían columpios y resbalines. Su corazón agotado clamaba por un respiro. Sabía que si se detenía sería su fin. No volvería a ver a su familia, ni a sus hijos, ni sus vecinos ni su mascota. Muy dentro quería rendirse y que acabara todo aquello. Pero no lo haría sin antes pelear. Algo pasó. Se empezaron a escuchar pasos. Gente vestida con ternos negros se acercaban sigilosamente. El sujeto acorralado miraba a todos lados. Tenía tres extraños al frente, dos atrás y 1 a cada lado. Las gotas de sudor recorrían su frente. Bajaban por sus mejillas y terminaban en el suelo. Ya no podía más.

     –Ya no corras más. –dijo uno de los agentes. Tenía la tez blanca y el pelo corto color café claro. Llevaba gafas oscuras que adornaban espléndidamente el contorno de sus ojos. Su voz hacía notar la jefatura que poseía sobre los demás. Ninguno de los otros se movía.

     –Y ahora… te haré la siguiente pregunta sólo una vez. ¿Te unirás a nuestra causa? –el agente miraba fijamente al extraño atrapado. Infundía terror. Lo obligaba a aceptar el contrato.

     –¿Tú crees que simplemente dejaré que me atrapen? –desafiaba con ímpetu. Al momento de decir esas palabras alzaba las manos y se ponía en posición de lucha. –Piensa de nuevo.

     El tipo rápidamente desapareció en una cortina de humo y apareció detrás de los guardias sur propinándoles una patada doble que los noqueó. Los de ambos lados intentaron acercársele muy rápidamente pero el sujeto nuevamente hacía gala de su habilidad especial. Desapareciendo y apareciendo detrás de ambos malvados dejándolos dormidos. Su maestría en el manejo de ese poder que poseía era evidente. No era una mera casualidad que hubiera descubierto recién la peculiaridad demostrada. Ya tenía bastante tiempo usándolo al parecer.

     –Vaya. Impresionante en verdad. No pensé que fueras tan hábil en el uso de la teletransportación. –hacía sonar sus nudillos. Sus pupilas traspasaban el reflejo de los anteojos y mostraban la furia que llevaba en el interior–. ¡Faxia! ¡Xeron! ¡Adelante!

     Al momento de marcar aquellas palabras los sujetos custodiando la espalda del jefe saltaron en el aire. Faxia, una chica de pelo fucsia tomó aire y sopló de manera que el viento llegó a golpear al teletransportador, causándole algunos cortes de menor importancia. Xeron, el otro guardia de pelo corto rojo caía golpeando el suelo con su puño. Provocando un movimiento de tierra que desequilibró a su oponente. De nuevo, este, se teletransportaba detrás de la mujer para agarrarla y lanzarla lejos. Golpeándose esta con la pared, perdiendo la conciencia. Y una vez más hacía demostración de su rareza apareciendo en la cara de Xeron, propinándole un certero golpe en la cara. Haciéndole sangrar y pegar su rostro con el suelo quedando inmóvil.

     –En verdad eres talentoso Ripley. –dijo el hombre. Aún sonriendo por lo que sus órbitas veían.

     –¿Ah? ¿Cómo sabes mi nombre? –el asustado sujeto miraba fijamente al único agente que restaba.

     –Sé mucho más que eso. Sé dónde trabajas. Donde vives. Tu familia. Todo. –el revelador informe preocupaba a Ripley.

     –Bueno… ¿Y qué quieres de mí? –al fin la pregunta del millón.

     –Je. No malinterpretes la situación. No es lo que YO quiero. Sino lo que mi jefe quiere. –el tono de la voz de la misteriosa persona hacía dudar aún más al habilidoso humano–. Él… Tiene un sueño… Y sólo se podrá realizar una vez que tú y todos los demás con esos poderes se unan a Sol Negro.

     –¿Sol… Negro? ¿Qué es eso? ¿Una loca corporación maligna? –ahora sí que estaba confundido. No sabía ni quiénes eran los que lo perseguían.

     –No maldigas el nombre de mi querida compañía. Pagarás por tal aberración. –lentamente acercó su mano izquierda hacía su cara. Lentamente tomó sus lentes y se los quitó de encima. Mantenía sus ojos cerrados, y la calma alrededor de su persona–. Es por esto mismo que no debes nunca insultar a alguien que te puede patear el trasero sin siquiera mover un músculo.

     Muy despacio abrió de par en par ambos párpados. Sus ojos de un color rojo intenso se posaban en el contorno del cuerpo de Ripley. Como un depredador acechando su presa. El hombre muy tranquilo avanzaba hacia su objetivo. Una sola misión. Llevarlo al lugar de su trabajo.

     –¡Maldito! –hecho una furia, velozmente el acechado se teletransportó hasta estar detrás del mandamás.

     –Es inútil.

     Dicho esto movió su mano hacia atrás y como si nada Ripley salió disparado. Chocando con una pared. Cayendo arrodillado. El adolorido hombre volteaba el rostro para contemplar como el último de los agentes levantaba nuevamente su mano. Salió disparado nuevamente pero en vez de volver a chocar con la pared fue atraído hacia el extraño sujeto. Este lo agarró del cuello y sonreía de una forma maquiavélica. El aire se puso denso de repente. Casi no se podía respirar. Al mirar fijamente el rojo del iris de su enemigo, Ripley comenzó a perderse en él. Llamas desbordaban del contorno del glóbulo ocular, quemaban intensamente la psiquis del atrapado.

     –Je. Eres mío al fin. –un largo silencio reinó en el ambiente–. Por cierto… Mi nombre es… Sixtio. Bienvenido… recluta.

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